En el libro "A Terra e os Homes" (1928-1933) , el fotógrafo Walter Ebeling plasma en una foto la tradición que había en Galicia y en esta zona suroccidental de Asturias de colocar las cruces de los ataúdes en un punto determinado a la salida del pueblo, para que de esta forma los espíritus de los muertos protegiesen a los habitantes del lugar.

No sé si habrá otros puntos de Ibias o de Asturias en los que esta tradición todavía se conserve. En Taladrid, tenemos este sobrecogedor ejemplo de cruceiro centenario, escondido a los pies de una higuera en el camino que baja a la Iglesia.
Parece ser que el sacerdote se acercaba hasta este punto para recibir el ataúd portado a hombros por los familiares desde el pueblo del finado. Aquí se hacía una breve parada mientras se rezaba un Padrenuestro para continuar posteriormente hasta la iglesia, donde se celebraba el funeral. Antes de proceder a la sepultura, se separaba el crucifijo del ataúd y en el camino de regreso se depositaba en el cruceiro.

Cuenta el ya fallecido Ramón de Cangas en su artículo "Un día de fiesta y otro de dolor en Ibias" lo siguiente:
"De regreso al pueblo, la cruz que llevaba el difunto sobre el ataud, la colocan en el "cruceiro", pequeño nicho, que hecho de piedras, está emplazado junto al camino que va desde el pueblo del finado al que es cabeza de parroquia, en donde se van depositando todas las cruces que llevan los difuntos sobre sus ataúdes. Es costumbre santiguarse y rezar un Padre Nuestro siempre que se pasa por delante de dicho cruceiro. Allí podemos ver las cruces de varias generaciones: hijos, padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc., según la antigüedad del pueblo, todas juntas, sin orden; quizá el único orden existente es el de estar colocadas de abajo hacia arriba, según su antigüedad, y esto porque se van tirando unas sobre otras; a excepción de que algún familiar haya sacado la de uno de los suyos para verla o enseñarla y la deja sobre las demás por falta de precaución"
"Las hay de varios tamaños, talladas y simples, palos clavados, de madera y de metal, de pobres y de mejor situados, porque ricos no se dan en aquellas tierras de todos, y en fin de jóvenes y de ancianos; todos hermanados a una y cubiertos ahora bajo el mismo techo"
"Hay algunos pueblos en que el cruceiro es un viejo y corpulento castaño sobre el cual, buscando la parte más inclinada, y resguardada de las lluvias, van clavando las cruces con el mismo clavo que las sujetaba al ataud. Es curioso algunas veces, cuando se ve un grupo de gente del país, sobre todo si son ancianos, que empiecen a decir:- Esta es la cruz que llevó mi padre, ésta mi madre, ésta mi abuelo, ésta mi mujer, ésta Antón de a Santa, ésta Antón de a Marcucha, ésta el Cardoso, aquella otra mi compadre del Fondo del Lugar, aquella Pedrito de San Clemente, etc.
Y así van enumerando gran cantidad de cruces, recuerdo de algo muy querido; pero que ahora ya no existe".
...¿No existe?