jueves, 19 de junio de 2008

ROSCA DE IBIAS

Uumm... Este ha sido un fin de semana gastronómico...




Irene de Casa Rigueras, Taladrid, nos ha invitado a probar su famosa ROSCA DE IBIAS. Excelente. Lo más parecido a la rosca que hacía mi abuela.




Me ha dado la receta, que no reproduzco porque podéis encontrarla aquí. Es prácticamente idéntica, con la única diferencia de que Irene usa también un poquito de leche (calculad medio vasito de agua y medio de leche - caliente-) y que además pinta las roscas con yema de huevo para darles su característico brillo.




Ideal también el azucarero y la cucharita...
Rural fashion total!

EL BOSQUE ANIMADO

En mi refugio de montaña, la primavera acaba de explotar con todas sus fuerzas y las hormonas andan completamente desbocadas.


El objetivo inalcanzable del fin de semana era poder avistar a GOL-OSO. Este es un adulto joven, presumiblemente macho, que desde hace un par de años ronda por estos lares a principios de junio dispuesto a pegarse el atracón con la miel de nuestros cortines. En esta época los osos están en celo y necesitan más que nunca reponer fuerzas después del largo invierno para recorrer largas distancias en busca de su amada. No logramos verlo, pero sí sus inequívocos rastros al lado mismo de las casas.




En compensación, tuvimos la inmensa suerte de contemplar con todo lujo de detalle (a través de prismáticos, claro está) un grupo familiar de jabalís. Tres enormes hembras con siete crías del año pasado. Los jabalís tienen una extraña y variada dieta. Estos días aprovechan la abundancia de babosas después de las intensas lluvias del mes de mayo para darse su particular festín.







Al regresar de nuestra expedición, avistamos una pareja de corzos a no menos de 200 m. Al oirnos se quedan petrificados en medio del prado donde pastan, esperando a ver cuál es nuestra reacción. Nos da tiempo a observarlos detenidamente. Un macho con la hembra recién parida. Ningún rastro de las crías, que seguro están escondidas a buen recaudo protegidas entre los matorrales.


Ha sido una jornada productiva. Ya en casa, una nueva sorpresa. Los pajaritos que anidan en la galería (colirrojo tizón, para más señas) ya han sacado a sus cuatro polluelos del nido y se pasean asustados por el corredor, todavía inseguros para volar. Al día siguiente nos encontramos con que uno de los pollos ha fallecido en el intento. Otros dos revolotean todavía inseguros en el corral. El cuarto, desaparecido...


Es la Ley de la Selva.