lunes, 28 de junio de 2010

LAS PALLOZAS DE SANTISO


Imagínese por un momento que a usted le gusta eso que llaman etnografía y que no es otra cosa que el conjunto de costumbres y tradiciones de un grupo de población. Vamos a seguir suponiendo que a usted le llaman la atención, sobre todo, las construcciones con techo vegetal, de las que quedan muy, pero que muy pocas muestras en toda Europa. Y como usted es un viajero muy viajado (valga la redundancia) ya se sabe de memoria las pallozas de Ancares y ha estado mil veces admirando los teitos de escoba de las brañas de Somiedo. Sigamos imaginando que un amigo del primo de su vecina le comenta que hace unos años ha estado por Ibias y que cree haber visto construcciones de ese tipo que tanto le interesan a usted. Así que, decide liarse el macuto, recorrer media península en su furgoneta y presentarse en San Antolín a la búsqueda de lo ignoto.

Como hoy estoy optimista y magnánima, vamos a suponer en este experimento, que la oficina de turismo existe y está abierta, atendiendo diligentemente al público.

- Buenos días, señorita.
- Buenos días, tenga usted.
- Vengo desde el otro extremo del país a solazarme con las pallozas de Ibias.
- ¿No será a Ancares adónde usted quiere ir?
- No, señorita, yo quiero conocer las pallozas de Ibias.
- Pallozas? Sí, claro, cómo no…. pallozas…(rebuscando en la estantería).
- ¿Podría usted, si es tan amable, indicarme dónde las puedo encontrar?
- Esto… (tic, tac, tic, tac… silencio prolongado) (tic, tac, tic, tac… carraspeo nervioso).
- Me han dicho que en Ibias hay pallozas.
- Ah, sí, claro!!! Pero que torpe estoy hoy. Puede ir usted a ver las Pallozas de Santiso. Mire que suerte va a tener usted, que hasta le voy a dar un folleto y todo. Aquí tiene: “Ruta de las pallozas de Santiso”.
- Guau. Pues sí que es lindo este folletito. ¿Y dice usted, señorita, que hay una ruta y todo?
- Pues va a ser que sí. Y además, señalizada a base de bien; con carteles de lo más plus y de lo más innovador, porque nosotros somos así: combinamos tradición y modernidad a partes iguales. - Me deja impresionado. Tanto que, a pesar de los 35º C a la sombra de este caluroso día de verano, voy a ignorar las recomendaciones de mi médico de no realizar ejercicio en las horas de más bochorno y me lanzaré a la aventura. ¿Cuántos kilómetros dice que hay hasta Santiso?
- Ocho y pico. Viene en el super-mega-fashion-folletito-que-le-he-dado.
- ¿Y desnivel?
- Apenas 800 m, una subidita de nada a las Peñas de Cuantas. Si se teme que pueda echar el hígado mientras sube, también tiene la opción de ir en coche.
- ¿Coche yo? ¿Un viajero viajado? No, no, de ninguna manera. Yo, a lo tradicional: en el caballo de San Fernando.



Alejamos por un momento la cámara de la imaginación y sobrevolamos el recorrido para tener una panorámica de esas que llaman a vista de pájaro. Vemos que el entusiasmo inicial del viajero se va trocando poco a poco en cansancio y desesperación mientras asciende arrastrando los pies el empinadísimo camino que permite salvar el murallón que forman las Peñas de Cuantas a 820m de altitud.

Tres horas más tarde y con palpitaciones, temblores, congestión y sudor frío, el viajero intrépido descansa a la sombra de un castaño para recuperarse de la tremenda fatiga antes de entrar en el sancta-sanctorum del mundo pallozil. Cámara fotográfica de 24 millones de megapixels en ristre, cuadernillo de notas a punto, la ilusión de un niño (antiguo) con zapatos nuevos, nuestro turista entra en Santiso con el respeto de los cruzados en Jerusalén para captar con su cámara y su corazón cada uno de los momentos que está a punto de vivir.

Comienza a caminar por la ancha calle asfaltada a la búsqueda de “su tesoro”. Se encuentra con alguna casa de nueva construcción, un paisano con su tractor, otro que conduce las ovejas de vuelta al redil. Ni rastro de las pallozas.

- Oiga, oiga – se aventura al fin a preguntar a la abuelita de la fabada que pasaba por allí - ¿me podría decir dónde están las pallozas?
- ¿Pallozas?
- Sí, pallozas. Esto es Santiso, ¿verdad?
- Sí, esto es Santiso, hijo, pero ya no quedan pallozas.
- ¿Cómo? No puede ser cierto. Yo he atravesado medio país para verlas; acabo de meterme ocho kilómetros entre mi angina de pecho y mi espalda; me lo han asegurado en la oficina de turismo; tengo hasta un super-mega-fashion-folletito que dice claramente “pallozas de Santiso”; tienen que existir, sí o sí!
- Hombre, no se ponga así. Haberlas, las hubo, pero se han ido cayendo...
- ¿Cayendo? ¿Pero cómo es posible que las hayan dejado caer?
- Bueno… pues lo de siempre. Nosotros nos vamos haciendo mayores y bastante tenemos con sostenernos en pie; la administración promete, promete, pero con todo el papeleo que hay que hacer para que luego te den la cuarta parte de lo que necesitas, pues para que se rían de uno, mejor dejarlas caer...
- Pero si la propia administración las está utilizando como reclamo para el turismo, pero, pero, pero…¿cómo puede dejarlas caer?
- Ya sabe, hijo, del dicho al hecho hay un gran trecho, y de la palloza a la subvención, mucho trepa sentadito en su sillón.
- O sea (llora nuestro desilusionado viajero)… que no hay pallozas… que se vende humo… que se deja caer un vestigio de nuestro pasado por un puñado de miserables euros.
- No se desespere hombre, si tanto le gustan las pallozas, hay unas buenas en Ancares…






Como remate final a esta tristísima historia mitad real-mitad ficción, confirmar que en Santiso apenas se mantiene una de estas construcciones en pie, la de Xalvín, cuyos inmensos agujeros en la cubierta la convierten en la siguiente candidata a pasar a engrosar la lista de lo que se pudo haber salvado y se dejó caer por la dejación y desidia de todas las administraciones implicadas.

Pena, penita, pena…

16 comentarios:

El Bao dijo...

Este relato da ganas de llorar a cualquiera, que tristeza mare miaaaaaaaaaaa.

Bernar dijo...

No sé si reir o llorar...

María del Roxo dijo...

Lo mismo me pasa a mí.

jgarciaq dijo...

Me parece un relato muy bien escrito (como todos los que haces) hecho con intención pero muy ameno, te felicito por ello y te animo para que continues esta línea.
Yo soy nacido en Ibias y os sigo desde Barcelona donde resido desde hace casi 40 años.

Alto Sil dijo...

Un aplauso para los vecinos de Santiso, que consiguieron que su pueblo fuera el último de Ibias con este tipo de construcciones. La administración se subió al carro del esfuerzo de los demás, pero pretendiendo que los propietarios se dejaran los ahorros en conservarlas. Como esto no es posible en muchos casos, las casas cayeron. Mientras el Principado se gasta dinero a manos llenas en proyectos chapuza, en algo tan emblemático como eran las pallozas de Santiso, nada.

...y el río Ibias sigue bajando negro.

P.D. Por algún lugar de Os Coutos queda la última casa de teito. Por muchos años.

Xastre dijo...

No entiendo cómo teniendo una excelente palloza en San Antolín hay quien se empeña en hacer 16 km (¡¡y andando!!). Las autoridades nos facilitan poder ver el patrimonio cómodamente y hay pirados que prefieren ver algo auténtico.
Esto es lo que le espera al patrimonio etnográfico, lingüístico y natural asturiano (en definitiva, a todo lo que nos hace ser asturianos): ser embalsamado en museos, bibliotecas, centros de interpretación o chiringuitos varios. Pero nada de mantenerlo y promocionarlo, que eso no es rentable.
En L.larón hace un año que desapareció el último "teitu" en un hórreo. Con las "ayudas" que daba el Principado para su rehabilitación, la alternativa era dejar caer la construcción o ponerle una cubierta de losa. Al menos, el hórreo sigue en pie.

Noelia dijo...

Demasiado para un lunes...snif,snif...

Xastre dijo...

Para aquellos que no la conozcan, una página sobre etnografía en general (y relacionada con esta entrada en particular): http://usuarios.multimania.es/noceuetno/ibias.htm

gavilan poyero dijo...

Pues yo creo que con todos los folletos de las pallozas de Santiso,que van a quedar obsoletos, bien pudieran arreglar el teito de la última foto.

Sería una buena manera de que la administración, colaborara en la conservación. ;)))

El Bao dijo...

Un poco de polémica a veces no viene mal. El Principado no es propietario de las pallozas, si del dinero, por tanto corresponde a los srs. propietarios, presentar su proyecto de rehabilitación en la Administracción y solicitar la ayuda, y hay muchas, pero hay que ir a buscarlas, no se puede pretender estar sentado en casa y que vaya el funcionario de turno a rehabilitar la palloza, y sino que intervenga el Ayuntamiento, que haga un plan de rehabilitación de elementos etnográficos en el concejo y se deje de hacer áreas recreativas que lo que sobran en ibias son montes para el esparcimiento.

María del Roxo dijo...

Más que incitar a la polémica, lo que pretendo es hacer una llamada de atención, informar e invitar al diálogo de las partes interesadas.

No se puede pretender que los propietarios, ancianos en su mayoría que rara vez han salido de su pueblo, se muevan como pez en el agua en el mundillo de las subvenciones del Principado. ¿Por qué no se puede pedir que la Administración (Consejería, Ayuntamiento) tome cartas en el asunto de oficio y ponga en marcha un plan de actuación de salvamento URGENTE de estos pequeños tesoros? Si son capaces de elaborar rutas y folletos de las pallozas, al menos podemos presumir que sabían de su existencia... aunque el tema de su conservación se la trajera al pairo.

Reconstruir, restaurar y salvar todas las pallozas de Ibias, junto con los teitos (una veintena todavía, por si el Principado no lo sabe) cuesta mucho menos que la suma invertida en otros macroproyectos cuyo resultado llevamos esperando sentados desde hace más de un año.

Existen entidades que todos pagamos para la gestión y promoción de nuestros recursos, incluidos los turísticos. Desde aquí, aconsejarles que se levanten del sillón y se dediquen a recorrer el espacio que deben promocionar. Se encontrarían con muchas sorpresas.

Milio'i Sebastián dijo...

Pero ne, el negocio publicitario es el negocio... Ocasión hemos tenido de leer y ver cartelones con errores de bulto, sobredimensionados o como este caso folletos-panfletos.
Sobre las subvenciones: además de lo comentado por María, añádase que muchas de las propiedades no están escrituradas, y no suelen ser cercanas a los núcleos donde se tramita, por no hablar de otro problema que afecta a casi todas las técnicas tradicionales de construcción: quedan muy pocos "artesanos". He tenido la suerte de visitar un pueblo "patrimonio de la humanidad" (http://www.yunphoto.net/es/wh11-1.html). El pueblo vive y es en sí mismo el museo. No hay hoteles rurales fashion, sino que las casas son a su vez pensión,o museo... los campos están cultivados y los niños hacen su gimnasia a las seis y media de la mañana en el patio del colegio. ¿Lo habré soñado?

TerraCelta dijo...

Lo de las Pallozas de Santiso es muy triste, pero también ocurre en otros lados. En los mismos Ancares se dejan caer muchisímas. Uno de los ejemplos mas claros es Campo del Agua, una braña llena de pallozas (22 creo) que se incendió allá por el 89 y desde entonces ya no se ha vuelto a recuperar.

Esto es debido en mayor parte a la desidia de las autoridades, pero también de la gente, y algo menos a que ya no se encuentra centeno de calidad, bravo de monte porque ya no se cultiva, la mayoría se compra en Astorga y es caro y de peor calidad.

Aunque es peor en otros lados, en la Cabreira, en el sur de León, yo creo que ya no queda ni un solo teito, están todos caidos (truchas, truchillas, corporales, etc.), y eso que eran de xestas y no de centeno.

El Bao dijo...

Vale, otra propuesta puede ser que alguna asociación de la zona, o también se puede crear una y presentar un proyecto para reconstruir todos estos tesoros en ruinas, creo que sería la otra opción a la desidia del ayuntamiento y también a que los propietarios no tengan papeles o en su caso autoricen o hagan una cesión de ese bien a la asociación, eso sería lo básico para iniciar el trámite y conseguir la subvención, en las asociaciones sin ánimo de lucro, las subvenciones pueden alcanzar el 100% de la inversión, lo que está claro es que tienen ser alguien quien empiece a moverse.

Anónimo dijo...

yo naci en una palloza y de santiso y lo que recuerdo es estupendo

Brancal dijo...

Yo tambien naci en una palloza en Santiso en casa Brancal y esos recuerdos son inolvidables es una pena que no sigan las pallozas pero tampoco se siembra el centeno para la paja para mantener los techos.de todas maneras sigue el pueblo que para mi es el mas guapo de Asturias