viernes, 10 de junio de 2011

LAS SIETE VIDAS DE POLICARPO (II)

- LA DIFÍCIL ELECCIÓN -




En la Primera Parte hablábamos de la vida de Policarpo Rivera Llamas y su padre, Paulino, le estaba quitando el papel de protagonista, un rol preferente que adquirió ya desde el día de su nacimiento, un 26 de enero, cuando por fin vio la luz un varón, que ocuparía el cuarto lugar en la familia tras Felisa, Felicidad y Consuelo, sus hermanas mayores. Dicen que el día de su nacimiento, el trasno no cejaba de revolver en el desván de casa y que Paulino miraba hacia arriba conminándole a que se estuviera quieto. Corría el año 1913 y Unamuno acababa de terminar su obra “Del sentimiento trágico de la vida”, un título muy adecuado para la larga lista de tragedias que teñirían la vida de Policarpo desde muy joven. La primera: la muerte de su madre cuando él contaba sólo siete años.

Luzdivina rondaba la treintena cuando falleció, no sin antes haber dejado otras dos criaturas más en este mundo, Adelaida y Basilio. Media docena de hermanos a los que se unirían otros cuatro hijos del segundo matrimonio de Paulino con Maximina de la casa del Rucho de Villaoril. Con diez vástagos a sus espaldas más una abundante parentela política que se sumó a la colección de bocas a alimentar, Paulino se vio literalmente aburrido en Villaoril y no vio otra salida que cambiar de domicilio. Dejó atrás la casa en la que tantos años había pasado para instalarse con su prole en la casa de su difunta esposa en Villardecendias. La vivienda era grande, pero la casería corta, si por ello entendemos que carecía de buenas y abundantes tierras de labor.

Policarpo recuerda la escasez de la época y el duro trabajo desde la infancia, ocupándose mayormente del pastoreo de ganado. Pero eso no impediría que ya desde su adolescencia disfrutara ejerciendo de don Juan por toda la parroquia y alrededores. Aunque, como él mismo reconoce - “era un muerto de hambre y calzaba alpargatas rotas” - con su planta y su gracejo competía sin temor con meirazos de buena casa como Alejandro de Buelta, sacando a bailar a las mozas y arriesgándose a represalias por parte de los más pudientes cuando se ofrecía a acompañarlas a sus casas tras el baile; algo que tampoco le debía hacer mucha gracia a Irene de Villarmeirín, que ejercía por aquel entonces de novia oficial. A pesar de que Policarpo recibió ofertas para dejar su hogar y emigrar a América a buscarse la vida, el apego a su tierra y la predilección que su padre sentía por él, le mantuvieron anclado en el Villar hasta el año 1936.



Había cumplido 24 años cuando estalló la Guerra Civil. Por el Villar empezaron a desfilar diferentes grupos de reclutamiento de uno y otro bando. Los primeros en llegar fueron los de la CNT, a los que seguirían los simpatizantes de la UGT y los que apoyaban a la Falange. Había quien se afiliaba a uno o mostraba simpatías por otro. Con ninguno de los tres quiso Policarpo tener nada que ver. Al fin y al cabo, él había pasado su vida cuidando del ganado y nada entendía de política.

Pero, evidentemente, una cosa era no querer participar y otra muy distinta, no verse obligado a tomar partido. En un primer momento, las Autoridades decidieron por él y fue movilizado para las quintas. De hecho, fue su quinta la primera que llamaron en Ibias y hasta San Antolín acudió Policarpo a hacer la presentación pertinente. La Caja de Reclutamiento estaba por entonces en Pravia pero, según le informaron, dado que la zona estaba tomada por los rojos, había que ir hasta La Coruña. Como todavía eran pocos los allí reunidos y había que esperar a juntar un grupo suficiente para llenar un camión, se les autorizó a regresar a sus pueblos hasta que fueran avisados de nuevo.

Volvió Poli a su casa. Su cuñado, Pepe, marchaba para Asturias a luchar contra los golpistas. Poli le pidió consejo y éste le dijo, textualmente: “Mira, Poli, yo no te puedo aconsejar. Esta es una guerra contra el Gobierno y yo creo que el Gobierno no puede perder. Ahora… yo no sé si lo estoy haciendo bien o mal. Tú haz lo que te parezca o lo que te dicte tu conciencia”.

Aquella noche, la conciencia mantenía despierto a Policarpo y no le dejaba pegar ojo. No se sabrá nunca lo que le dijo, pero el hecho es que antes de despuntar el alba Poli había dejado su casa en el Villar para amanecer en la Braña de la Alzada.



- continuará -

9 comentarios:

Bernar dijo...

Espero la continuación como agua de Mayo. Excelente historia, María...

Xastre dijo...

Los sufrimientos de aquellos años negros (y a falta de ver las próximas entradas) sólo los pueden saber en su amplitud aquellos que de una manera u otra los vivieron. Nosotros nada más que podemos echarle imaginación y así y todo no sabremos ni la décima parte de lo que pasaron.

Anónimo dijo...

Tio Poli, como yo le llamaba, ha fallecido hoy dia 10 de junio a las 7 de la tarde, a sus 98 años llenos de experiencias, sufrimientos y mucha vida. Siempre lo recordaré.
Elsa. Fondo de Villa.

Rio Sil dijo...

Hoy es un dia triste Poli nos ha dejado. Mi mas sentido pésa me a la familia y amigos. Espero que su muerte no interrumpa el relato.

Xastre dijo...

Mis condolencias a la familia. Y será un gran recuerdo a su memoria las entradas que María ya escribió y las que aún quedan por ver. STTL.

Nali dijo...

Soy Nali, nieta de Poli.
Me gustaria agradecer los mensajes de la gente que le recuerda como él era.A María no la conozco, pero espero segir conociendo más cosas de mi abuelo. Un saludo

El chapras dijo...

Mi mas sentido pesame a la familia,descanse en paz.
Espero la proxima entrega como agua de mayo,la vida de este hombre da para escribir una novela.

Anónimo dijo...

Sus hijos Roberto y Mari Luz y sus nietos Laura y Rubén queremos agradeceros vuestros mensajes,y a ti Maria,gracias por dar a conocer las vivencias de un hombre bueno y fiel a sus principios,gracias a todos.
Roberto,Gijón.

Rocio Garcia dijo...

Hola, creo que somos familia, si tu tío policarpo tenia una hermana que se llamaba consuelo rivera llamas y se fue a madrid después de venir de cuba