jueves, 20 de octubre de 2011

UN BUEN HOMBRE


Pepe es un buen hombre. Está casado. Tiene 42 años y dos niños pequeños. Se pasa el día trabajando para mantener a la familia. No ha querido, o no ha podido, estudiar más allá de la EGB. Quiere y ayuda a su esposa en algunos quehaceres domésticos. Presume de no ser machista. Vive en un minúsculo pueblo del suroccidente asturiano. Se dice buen amigo de sus amigos, con los que a menudo juega al tute y a la brisca en el bar de Isabel.

Hoy ha ido a pasear al anochecer. Lo hace cada día. Le gusta controlar la huerta y ver si hay rastros de jabalí cerca. El año pasado se le metió entre las patacas y le armó un buen desaguisado. Y encima, no se lo quisieron pagar porque no había puesto el pastor eléctrico. Valientes cabrones, los de la consejería… Camina sin prisas, con el paso firme del que conoce su tierra, una tierra heredada de su padre, que a su vez la heredó del suyo. Camina al tiempo que va cavilando y rumiando sus preocupaciones: la vaca que está a punto de parir, el precio del gasoil, la seca que hay, los cabrones que violaron y mataron a la chiquilla esa… ay, si fuera él el juez, otro gallo les cantaría a esos malnacidos…

Tras el paseo, llega alterado a casa. La cena está lista, pero no puede cenar ahora. Hay lume no carballal. Hay que avisar a los vecinos. Todos acuden a contemplar las primeras llamas. Quién habrá sido el desgraciado que planta fuego con esta seca. Mientras vaya monte para arriba no hay peligro. Pero el viento es traicionero y caprichoso. Se levanta una suave brisa que empieza a soplar en dirección al pueblo.

Toda la noche permanece el retén apagando el fuego en las fincas, para que no se acerque demasiado al perímetro de seguridad. Han avisado a la brigada de extinción, pero de noche poco se puede hacer. Hombres, mujeres y niños contemplan el infernal espectáculo. Los niños, fascinados. Las mujeres, preocupadas. Los hombres, impotentes ante el daño que está causando. Maldito hijo de la gran puta. Al que prendió lume, tenía que quedarle la mano allí pegada. El clamor es general.

Pepe es fuerte y ágil. Consuela a unos y anima a otros. Las horas transcurren en febril actividad. Ya de madrugada, lo peor parece haber pasado. Las casas se han librado por el canto de un duro. La casa de Colás, abandonada y a la entrada del pueblo ha sido pasto de las llamas, que avivadas en estas primeras horas del alba continúan su rumbo hacia el arbolado monte. Pepe, insiste su mujer, tiene que descansar. Vete a casa a lavarte un poco y a echar una cabezada. Los vecinos le dan las gracias por su extraordinaria ayuda. Vai dormir un pouco, que queidamos aquí nos…

La mujer de Pepe se retira poco después. Ella tampoco ha dormido, pero tiene mil cosas que hacer. Antes de preparar el desayuno para los niños, tiene que poner la lavadora. Recoge la oscura ropa de su marido, llena de tizne y de humo. Cómo no ponga esto a remojo, no se quita en la vida. Maquinalmente comprueba los bolsillos porque Pepe es muy amigo de dejarse la navaja olvidada en cualquier parte. Cuando cree haber dado en el clavo, saca del bolsillo del pantalón un mechero. ¿Un mechero? ¿Habrá vuelto a fumar? En su cabeza no cabe que un buen hombre puede ser a la vez un gran hijo de puta.

14 comentarios:

PAÑEDA dijo...

No se si soy el primero en hacer un comentario, pero creo que alguien se habrá sorprendido al leer tu... pensamiento en voz alta?. Efectivamente el enemigo está cerca y es conocido, incluso lo veremos volcar el agua sobre su propio fuego. En su cabeza no hay razón (ni cabe). Salud.

Leticia Blanco dijo...

ufff.... uffff

Xastre dijo...

En estos casos, estimado Pañeda, el enemigo no sólo está cerca: está dentro. Magnífico retrato de la situación, Roxa.

El tejon dijo...

Es triste lo que está pasando con los incendios, como triste es tener que sospechar si el hijo de puta que los provocó lo tienes al lado.
Saludos.

El Trasgo del Cadavín dijo...

Yo, hoy, estoy con vosotros: los tiempos son otros y nuestras necesidades distintas, pero no dejo de pensar en aquellos días en que, exceptuando los carballales que se podaban para aprovechar la hoja para las ovejas y cabras en el invierno, se quemaba todo.
Brotaba pasto nuevo, cada vecino tenía su queimada para sacar torgos y que alternaba cada año en terreno diferente para la recuperación del brezo tierno y jugoso para las vacas. También eran necesarias las searas para sembrar centeno, el pan nuestro de cada día.
Pienso que existía una gran armonía de consumo entre monte bravo y manso, como se decía entonces.
Todo se envenenó, cuando el todo poderoso Patrimonio Forestal del Estado, metió los pinos, sin tener en cuenta a nadie, hasta las fincas particulares.
Los vecinos, tuvieron que vender las cabras, parte de las ovejas y se quedaron con las imprescindibles vacas, que con frecuencia eran multadas, si entraban en el terreno plantado, por los innumerables guardas forestales.
La venganza fue sencilla. Una diminuta cerilla, suficiente. Además, volvían a plantar, lo que generaba unos dineros imprescindibles. Hoy se sigue teniendo dinero fresco en la contratación de cuadrillas contra el fuego. Las costumbres son difíciles de erradicar. Ante la falta de diálogo, el fuego sigue siendo el arma principal contra las discrepancias administrativas entre ecologistas y ganaderos, consejerías, ayuntamientos y paisanos, los que se aprovechan de la caza y los que tienen que vallar un trozo de hortaliza o colmenares para que no les entre el jabalí o el oso. La maleza entra hasta la puerta de las casas. Nadie ayuda a los mayores a limpiar un camino.
Reuniones frecuentes en que se tuvieran en cuenta los problemas y se pudieran coordinar las diferentes opiniones, sin posiciones preconcebidas e irreconciliables, quizá lograsen avanzar en lo que, de no ser así, se convierte en un desastre.
Hay muchos más incomprendidos y decepcionados que hijos de puta.
Por un pouco.

Carlos de Sebastián dijo...

Sabias palabras las del señor Trasgo.

Gonzalo de Suárez dijo...

El Trasgo si que sabe.

Maria,dice mi hija, que ¡ole!

Anónimo dijo...

HOLA MARIA, HE LEIDO UNAS CUANTAS VECES TU ENTRADA Y LA VERDAD QUE LE ENCUENTRO UN DOBLE SENTIDO A TODA ELLA. POR UN LADO LO QUE LOS DEMÁS COMENTAN Y POR OTRO VEO EN CIERTA MEDIDA UNA JUSTIFICACIÓN DEL PIRÓMANO A LA HORA DE MANTENER LA FAMILIA YA QUE ES UN TRABAJADOR QUEMADO CON SU VIDA...NO SE, ESO ME DAS A ENTENDER EN CIERTA MEDIDA....ME GUSTARÍA QUE ME LO ACLARASES.

UN SALUDO

Casía dijo...

de esos hay muchos a nuestro lado en muchos sentidos y problemas

El chapras dijo...

A mi me parece,como diria un entendido un perfil bastante acertado de un tipo de piromano,lo que no veo como dice el anonimo ninguna justificacion,sus problemas no son ninguno que no tengamos cualquiera con familia.Tampoco estoy de acuerdo con el Trasgo,en aquellos tiempos tiene toda la razon,pisaron a los paisanos y estos se defendieron con lo unico que tenian,pero a dia de hoy,eso no tiene ningun sentido,los montes se devolvieron a los pueblos,los estan repoblando,lo que genera ahora y en el futuro puestos de trabajo y riqueza,asi que a mi modo de ver hoy por hoy el piromano no tiene justificacion,no quema para pastos,por que como muy bien dice el trasgo,eso se hacia controlado,y estos queman indiscriminadamente.
Muy bien descrito,Maria,el piromano casi siempre esta entre nosotros.

El chapras dijo...

A mi me parece,como diria un entendido un perfil bastante acertado de un tipo de piromano,lo que no veo como dice el anonimo ninguna justificacion,sus problemas no son ninguno que no tengamos cualquiera con familia.Tampoco estoy de acuerdo con el Trasgo,en aquellos tiempos tiene toda la razon,pisaron a los paisanos y estos se defendieron con lo unico que tenian,pero a dia de hoy,eso no tiene ningun sentido,los montes se devolvieron a los pueblos,los estan repoblando,lo que genera ahora y en el futuro puestos de trabajo y riqueza,asi que a mi modo de ver hoy por hoy el piromano no tiene justificacion,no quema para pastos,por que como muy bien dice el trasgo,eso se hacia controlado,y estos queman indiscriminadamente.
Muy bien descrito,Maria,el piromano casi siempre esta entre nosotros.

Anónimo dijo...

Seguramente que las administraciones an podido y pueden hacer mas por los intereses de los vecinos, pero pensar que el responsable de esto puede ser alguien conocido y proximo a nosotros es triste.

El Trasgo del Cadavín dijo...

Decía yo en mi comentario de ayer: ..."yo, hoy , estoy con vosotros...." y no justifico ni esa, ni otra razón de fuerza, para eso tenemos la inteligencia para pensar y la palabra para expresar nuestras ideas, que no siempre tienen que coincidir con las de nuestros vecinos.
Con mis años y mis achaques, no salgo nada, pero, gracias a este chisme, leo mucho y viendo dónde se producen los fuegos, pienso que el 95 % de los mismos, se dan en zonas conflictivas sobre las que falta diálogo y comprensión.
Daba Alto Sil el día 17 como zonas especialmente castigadas Cangas del Narcea y Ancares. ¿ Son estos puntos tranquilos y llenos de consenso o focos de especial discrepancia?
La normativa de Montes de Mano Común, la entrega de los mismos a las juntas vecinales de los pueblos, van en esa correcta dirección. La plantación de arbolado más adecuado y posterior limpieza, el ejemplo a seguir
Luego vendrá un segundo paso de valorar en su justo precio las maderas. Me comentaba, en Gijón, un vecino de la parroquia de Taladrid, que le habían ofrecido por 15 buenos castaños, de los que antes decíamos de buena chapa, 120 €. y que prefería meterlos en la cocina. Si esto es así, el camino va ser de poco recorrido
Si no recuerdo mal el castaño y el roble suponen el 80% de nuestro arbolado, y sólo un 6 ó 7 % del valor maderable y así no puede ser.
Por un pouco.

Anónimo dijo...

Los que habitamos el noroeste ibérico llevamos la impronta del fuego en nuestro ADN. Lo hemos incorporado al genoma desde que hace miles de años los primeros habitantes de estas tierras abrieron los bosques a base de incendios. Hasta hace poco tiempo, después de que los bosques hubieran quedado relegados a los lugares más inaccesibles, estos fuegos tenían una extensión limitada por la ocupación exhaustiva de los campos por praderas, tierras de cultivo, pastizales de altura...por lo que no causaban daño.
Hoy los pueblos desbordan de xestas, piornos, urces, carqueixas, silvas...entre las que los humildes robles, rebollos, abedules, capudres...intentan abrirse paso...hasta que perecen en el intento con un nuevo incendio.
El que inició el incendio, en Ibias o los Ancares, eatá convencido de que es lo que hay que hacer, y la mayoría de sus vecinos harían lo mismo si sus piernas ya no flaquearan por la edad y las cuestas. Ayer mismo un par de ancianos hablaban conmigo de esto.
Solo las generaciones futuras se podrán sacudir la impronta del fuego de su ADN. O no...
Un saludo desde el oeste del Bierzo. Miguel.