Hoy os quiero presentar una de las joyas de mi familia: una joya cuyo valor va mucho más allá del puro valor material y cuyos supuestos beneficios habrían venido disfrutando durante años, siglos tal vez, no solo mis antepasados, sinó un gran porcentaje de los vecinos del Concejo de IBIAS.

Me refiero, claro está, al DIENTE DE LOBO.
Este colmillo, supuestamente y según manda la tradición "de lobo macho extraído cuando el animal conservaba aún la vida" (esta es la parte que menos agradable me resulta), tiene una argolla engarzada de la que cuelga una cadena y es reconocido no sólo por su poder terapéutico sino por la suerte y beneficios que aporta a la casa.
En mi entorno se utilizaba sobre todo para curar la mamitis y otras enfermedades de las mamas (tanto de las mujeres como de las vacas), aunque el uso más extendido estaba relacionado con la curación de las enfermedades de la piel: "cuxillos", "dixipelas", meadas de sapo, hinchazones extrañas, picaduras de culebra, picaduras de alacrán, de avispa. También se empleaba para "crucear" (hacer cruces sobre algo) las medicinas o remedios para otras enfermedades.
Cuenta Ramón de Cangas, en su libro "La medicina popular en Ibias" que la cura con el colmillo de lobo se hacía pasando el extremo del diente por la parte afectada, haciendo cinco cruces, a la vez que se iban enumerando las posibles causas del mal:
Si eres cuxillo,Sale por este colmillo.Si eres dixipela,Vaite pa terra.Si eres de sapo ou sapagueira,Sálete pa eira.Si eres de culobra ou alacrán,Sáleme por este pan.Si eres de dunicela,Sáleme tamén pa terra.Y a si foras de outra cousa,Vaite pa encima de ua lousa.Colmillo, colmillín,Déixame axina sanín.Faime de que quede novo,Como te tía aquel lobo.Terminando este conjuro, había quienes acostumbraban a esparcir un poco de ceniza caliente sobre la parte enferma, o bien una corteza de pan quemado, empapada antes en saliva o ceniza.