
Os deseo buena suerte y que encontréis vuestro Camino.

Sí, hombre sí, os refresco la memoria. Soy una bola de cera, el resultado de apretar a mano los panales de miel del día en que esmelgamos. ¿Que van a hacer ahora conmigo? Pues seguir torturándome para hacerme útil y aprovechar lo poco que ya valgo. Qué vida tan dura la mía...
En Ibias, como en muchos otros rincones de Asturias, la necesidad aguzaba el ingenio. Las colmenas tenían un enorme valor, no solamente por la miel que atesoraban, sino por la cera, muy útil y escasa para diversas aplicaciones. La más obvia y necesaria, las velas para alumbrarse, pero también otras como su utilización como agente impermeabilizante para madera y cuero, refuerzo de hilos, abrillantador para muebles o ingrediente para ungüentos y medicinas (por sus propiedades emolientes, cicatrizantes y antiinflamatorias) , jabones o betunes.
La transformación de la acera de abeja resulta sencilla, aunque (todo hay que decirlo) un poco farragosa. Sólamente necesitamos una fuente de calor y un método de filtraje. Antiguamente este proceso se ponía en marcha cuando se juntaba una gran cantidad de ceras. Se ponían a cocer en un gran caldero lleno de agua dentro de un saco de arpillera. De esta forma se conseguía que las impurezas quedaran dentro del saco y que la cera filtrada, al enfriar el agua, quedara en la superficie.
Para nuestro "experimento" no nos hemos complicado demasiado la vida. Hemos usado una olla grande y un colador, sacando la cera a una fuente con agua fría a medida que se iba derritiendo.
Este es más o menos el aspecto del mejunje puesto a enfriar.
Y aquí tenemos el resultado intermedio, una vez solidificada la cera de nuevo. Como véis, su color ya es amarillo-amarillo, al haberse eliminado todas las impurezas que había mezcladas en la bola inicial. Tiene una pinta hasta apetitosa. Dan ganas de comérsela.

Otro año más que pasa... nos hacemos viejos... Me mosquea esto de empezar a recordar las aventuras de la infancia en nuestro Castillo Encantado:










Sin olvidarnos, por supuesto, de estas colmenas camufladas entre las piedras del canchal...
O de estos otros trobos dignos de una postal...
Esta vieja foto del álbum familiar fue hecha en las Fiestas del Corpus de Tormaleo alrededor de 1939 ó 1940...
Se trata de ver si entre todos logramos identificar a alguno más. Para facilitaros la labor he ampliado un poco cada uno de los rostros. No ayuda mucho, pero si se amplían más se pierde nitidez en la imagen.
Espero vuestras aportaciones...

Aquí vemos a José del Tereso, ordeñando a la vaca...
Y aquí arriba tenemos a Tina con mi sobrina María dándole el biberón...
Lo dicho: quizás no sea esta una noticia de portada, pero es lo suficientemente entrañable para un viernes.
¡Buen fin de semana!

En el respaldo del estrado de la iglesia de Taladrid, el escudo de los Ron ocupa la posición central, flanqueado por los de los Ibias y los Pataquín, con quienes estaban emparentados. En su bordura se lee la siguiente inscripción: "A ESTE SON COMEN LOS DE RON". Debió de ser utilizado como estrado para que los miembros de la familia asistiesen a las celebraciones litúrgicas.
