Hace días que os comentaba mis intenciones para la Noche más mágica del año, la Noche de San Juan... Pues bien, para los que no sois de la zona, informaros de que a partir del Día de San Juan el agua, según la sabiduría popular, ya está bendita. Este hecho proporciona a la gente diversas creencias, por lo cual acuden a lavarse, bañarse o beber de ella ya que así se harán acreedoras de las propiedades que contiene.

El rocío de la Noche de San Juan adquiere virtudes curativas, de ahí que algunas personas se revuelquen en él para curar eczemas, herpes, sarna o cualquier enfermedad de la piel. Recoge D. Luciano Castañón en su libro sobre supersticiones y creencias de Asturias que en Sisterna las jóvenes cogían la orvallada en el río al dar las doce. Los beneficios eran innumerables: desde librarse de las picaduras de serpientes y otros animales malignos, hasta casarse y tener un hijo en el plazo de un año, pasando por preservarse de los sabañones, curar enfermedades de la vista, etc.
En algunos concejos asturianos se echaban las ovejas a pacer la rosada (el rocío) antes de que saliera el sol para preservarlas de enfermedades. En otros se salaban las vacas al amanecer con "sal bendita" con la misma finalidad. Otra opción era conservar un cirio o vela bendecido en Jueves Santo, cuya cera licuosa se dejaba caer sobre el lomo de las vacas formando cruces.
Coger la flor del agua es posar los labios en el agua de la fuente antes que otra persona desflore la superficie de tal líquido por la mañana. La flor del agua proporciona hermosura, concede felicidad y un buen marido, además de contener propiedades curativas. Para que sean efectivas tales cualidades milagrosas hay que beberla antes de salir el sol o bien a las doce del a noche.
* Puerta enramada en la Noche de San JuanHay otras creencias muy extendidas en toda la región, como la de que echando un huevo en un vaso de agua a las doce de la noche, al amanecer del día de San Juan se verá un barco. La clara forma como el cordaje y velamen del barco al extenderse verticalmente en esparcidas hilachas, y la yema, comprimida en el fondo, adquiere una forma alargada que simula ser el casco de una nave. Ver el barco es señal de un próximo viaje. Sin embargo, hay que tener cuidado: en algunos casos puede verse cómo la clara adopta la forma de un ataud, lo que indica que morirá algún familiar.
Finalmente, era tradición en nuestros pueblos (tradición que todavía se conserva en muchos hogares) colgar o exponer ramas de saúco y otras plantas en el exterior de las puertas de acceso a vivienda y establos para preservarlas de desgracias como el fuego y los rayos así como de la entrada de bruxas y meigas... aunque como diría un buen amigo mío: "¿Y qué hacían con las que ya estaban dentro?" La respuesta os la dejo como siempre a vosotros.
Feliz Noche Mágica!
* Detalle de las flores: saúco, dedaleras y flor del viento.